FC START, CUANDO LA NECESIDAD DE GANAR VENCE AL MIEDO A MORIR

La toma de Kiev por parte de las tropas nazis en 1941 supuso un duro contratiempo para los soldados del Ejército Rojo, pero también sirvió de antesala para una de las historias más sorprendentes en las que el fútbol y los contextos beligerantes harían una vez más simbiosis para enaltecer valores como la justicia o la valentía. El Reichskommissariat Ukraine, es decir, la unidad administrativa de los territorios ucranianos bajo el control nazi generó el terror en el territorio soviético masacrando o deportando a judíos o disidentes del régimen nazi en campos de concentración. El Dinamo de Kiev, uno de los clubes referentes de la Unión Sovietica, se vio seriamente perjudicado tras la ocupación alemana ya que muchos de sus jugadores acabaron vagabundeando por las calles. Un contexto muy degradante teniendo en cuenta que meses atrás eran aclamados por ser reconocidos futbolistas. Antes de comenzar es importante advertir a la audiencia de la dificultad de narrar todos los sucesos de forma verídica debido a la constante propaganda de ambas potencias que ha podido influir en la mitificación de este suceso.

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Toda gran historia ha de comenzar en una humilde morada, en este caso en una panadería, y es por ello que debemos ubicarnos cronológicamente en 1942. Iosif Kordik, generente de la panadería mencionada por su origen alemán, era un aficionado del Dinamo que reconoció al guardameta de su equipo, Mykola Trusevych, en búsqueda de empleo con un aspecto muy degradado. Con un gran gesto de bondad, el panadero le proporcionó techo, alimento y trabajo de forma clandestina con el riesgo que suponía debido a las represalias de las tropas de Hitler. Animado por Kordik, Trusevych salió en búsqueda de sus antiguos compañeros de equipos para formar el equipo de la panadería y es así como nació el FC Start, posiblemente con el uso del término anglosajón para hacer referencia a la estrella de cinco puntas característica de la URSS. Esta plantilla fue finalmente compuesta por ocho jugadores del Dinamo de Kiev (Svyridovskiy, Korotkykh, Klimenko, Tyutchev, Putistin, Kuzmenko, Goncharenko y el mencionado Trusevych) y tres jugadores del Lokomotiv de Kiev (Balakin, Sukharev y Mielnizhuk).

El ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, vio en el fútbol una oportunidad de certificar la supuesta supremacía aria de estos seres eugenésicos, es así como el FC Start comenzó a jugar partidos contra las fuerzas del Eje consiguiendo la victoria en todos. Durante 1942, el equipo soviético se enfrentó a la guarnición húngara (6-2), a la guarnición rumana (11-0), un equipo de trabajadores del ferrocarril militar (9-1), el PGS alemán (6-0), y dos veces contra el MSG Wal húngaro (5-1 y 3-2). Los mandatarios de la Alemania Nazi se quedaron en evidencia ante un grupo de jugadores desnutridos pero que su calidad con el balón era suficiente para saldar los partidos de forma notoria. Por todo ello, el Flakelf, un equipo compuesto por militares y pilotos de la Lufftwaffe fue la última esperanza de los alemanes para erradicar todos aquellos rumores de debilidad racial que mancillaban su reputación. Este enfrentamiento no cambió la tónica anterior pues el partido concluyó con un severo 5-1 para los ucranianos.

Tras estas apabullantes derrotas, las autoridades alemanas organizaron un encuentro de revancha. Es así como el 9 de agosto de 1942 tuvo lugar el conocido como <<partido de la muerte>>. Un comandante de las SS se dirigió al vestuario del conjunto soviético para hacer una advertencia, que se dejaran perder para evitar graves consecuencias. Pese a las amenazas y a la disparidad en el trato entre ambos equipos (el árbitro fue un oficial de las Waffen-SS que permitía el juego sucio de los nazis), los integrantes del FC Start ganaron el partido con un contundente 5-3. Cabe destacar una jugada en la que Klimenko, tras regatear a la defensa y el portero a placer, lanzó el balón al medio del campo pese a tener la portería vacía como forma de protesta y para dejar constancia de la superioridad ucraniana. Este grupo de futbolistas dejó una herida muy grande a la invencible Alemania Nazi y por ello fueron detenidos por la Gestapo ya que eran sospechosos de pertenecer a la NKVD. Algunos integrantes fueron ejecutados en el campo de prisioneros de Syrets, mientras que otros consiguieron sobrevivir para poder dar voz propia a las épicas hazañas del equipo del panadero Kordik.